Wednesday, October 8, 2014

la teología de la renuncia a la vida

La teología que se promueve hoy es del cuidado de uno mismo, en contraposición a la teología de la renuncia a la vida que nos enseña Jesús: “El que quiere venir en pos de mi niéguese a sí mismo” (Lc. 9:23). En el pensamiento paulino la condición para lograr la salvación va a ser precisamente la renuncia. Él dijo, “Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios” (Hch. 20:24).  El problema de la teología centrada en el yo es que se arraiga a esta vida material y se aferra a posponer la realidad de la muerte.

La parábola del rico y Lázaro es una buena base bíblica para ver este tipo de vida que solo tiene cuidado de sí mismo. En esta historia vemos la vida aferrada al cuidado de uno mismo que tenía el hombre rico. La biblia relata, “Había un hombre rico, que se vestía con ropa fina y elegante y que todos los días ofrecía espléndidos banquetes” Este hombre es un buen ejemplo de una persona absorbida en el yo. Vivía para sí mismo sin considerar a los demás. Hay unos puntos en este relato que ilustran bien claro la actitud del hombre rico.

Primeramente era rico. Hay muchas instancias en la biblia donde vemos que las riquezas son en sí un obstáculo para el hombre que pone su confianza en ellas. Uno de ellos fue el joven rico que no estaba dispuesto a vender todo para seguir a Jesús.  Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? (Mr. 8:36). Sigamos con nuestro relato de la parábola del rico. El que se “vestía con ropa fina y elegante” demuestra su actitud de vanidad. Vivía absorbido en su orgullo a tal grado que su punto de referencia básicamente era él. También nos dice este relato que “todos los días ofrecía espléndidos banquetes”.  Este hombre es el clásico egoísta que solo vive para darle rienda suelta a la vida sin ninguna responsabilidad al prójimo. Era un Bon vivant en su estilo de vida.  Pero como vemos, a todos por igual, al rico le llegó el día de su muerta. Es aquí donde vemos el resultado de su vida de placeres.

La teología de la renuncia a la vida es una entrega total a una vida de sacrificio. Se requiere un estoicismo y un espíritu indomable de sacrifico ante los retos que se presentan. Hay que llegar al punto de entregar la vida si es necesario. El apóstol Pablo lo expresa claramente, “y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros” (Fil. 2:17).

Su entrega al cristianismo era una entrega completa, una ofrenda de su vida por una causa que consideraba ser el “… premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Fil. 3:14).  Esta determinación y tozudez eran una nota leitmotiv en la vida del apóstol. Él estuvo dispuesto a derramar su vida por su fe. Él dijo, “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).

Son muchos los que han entregado sus vidas en el altar del sacrificio por una causa.  En la mitología griega comparativa se encuentra el héroe arquetipo quien ofrece su vida voluntariamente como sacrificio supremo. Todos estos héroes comparten, lo que expresa Joseph Campbell como, un llamado singular que demanda una entrega total. No nos dejemos prejudicial por el concepto de mitología.  Es de suma importancia entender que la mitología aquí es la manera en que un pueblo intenta describir lo desconocido empleando símbolos. Todas las culturas del mundo albergan un hilo cohesivo en el cual encontramos una figura sobresaliente que se entrega sin reservas al llamado que lo impele. En nuestra historia contemporánea se encentran José Martí, Hostos, Albizu Campos, Gandhi, Rosa Parks, Martin Luther King, Jr., la madre Teresa de Calcuta y Nelson Mandela. La lista es una gama de figuras que se entregaron y sacrificaron sus vidas por a una causa.

Volviendo al apóstol Pablo, él nos da una descripción gráfica de la vida entregada y sacrificada. Él dice en 2 Corintios 11:23-33:

23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces.
24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno.
25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar;
26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;
27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;
28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.
29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?
30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad.
31 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento.
32 En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme;
33 y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos.” 

Este es el barómetro de una vida de entrega y de sacrificio total.  Todas las figuras mencionadas en este breve artículo pasaron por el horno siete veces más calentado. No escatimaron su vida exenta de entrega y sacrifico, sino que la entregaron a tal grado que su contribución al bienestar de la humanidad continua enriqueciendo la existencia humana. 

Concluimos con el mejor ejemplo de una vida de entrega y sacrificio, Jesucristo.  Pablo lo presenta así:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:5-8).

Roberto Rodríguez Núñez

2 comments:

  1. Como siempre, preciosa la manera en que nos expones la palabra. Gracias.

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