Wednesday, October 22, 2014

Los pobres como lugar teológico

Los pobres como lugar teológico es una realidad patente que no se disipa. El mismo Jesús dijo, “Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros…” (Mr. 14:7).  Como lugar teológico no es una categoría conceptual, sino más bien una realidad empíricamente histórica que se desborda en nuestros entornos y no se puede ignorar. Quisiere indicar que la concreción de esta realidad vivida no es un caso aislado, sino un fenómeno que grita por nuestra atención.  Lo primero es la realidad, en la que Jesús nació y se crio en un lugar pobre.  La primera indicación de esto es que nació en un pesebre (Lc. 2:6, 7). Luego sus padres llevaron a Jesús al templo y ofrecieron según la ley de Moisés para los pobres, dos tórtolas o dos palominos como sacrificio (Lc. 2:21-38). Se crio en Nazaret de Galilea, donde “¿Puede algo bueno salir de Nazaret? (Jn. 1:46).

De aquí proponemos, por lo pronto, que desde el punto bíblico el problema de la pobreza y los pobres no es un punto abstracto. Por eso tenemos que volver una y otra vez al Jesús encarnado, ordinario y pobre para que veamos en los pobres no seres extraños, sino como una realidad que merece nuestra inmediata atención. Quiere decir, pues, que los pobres no son objetos de la misericordia de la iglesia, sino que son sujetos que están intrínsecamente vinculados con nuestra realidad empírica histórica, por ende, ameritan nuestra atención inmediata. Por esta razón no promulgamos una teología de la liberación, sino una teología desde la perspectiva del pobre en la que se busca subsanar sus necesidades no con una revolución marxista, sino por medio de una praxis de misericordia, juicio y justicia en el contexto de la vida de Jesús.
 
Hace poco escribí sobre los pobres como lugar teológico de una realidad patente que no se disipa. En esta teología se busca la perspectiva del pobre, del marginado, del impotente, y del oprimido. Es en este lugar donde radica esta teología desde la perspectiva del pobre. Por consiguiente, la lección que tenemos que aprender como cristianos, en particular los que poseen riquezas materiales, tenemos que aprender qué es justicia desde la perspectiva bíblica. Así como el joven rico miraba el cristianismo desde una perspectiva del “yo”, de la misma manera los ricos del mundo marginan a los pobres y se concentran en sí mismos.

Es en este lugar teológico de los pobres donde tenemos que practicar justicia. Justicia es hacer el bien al prójimo sin hace acepción de personas. El sistema de justicia que practicamos está viciado y necesita una transfusión de la justicia de Dios. Necesita un efluvio directo de la presencia del Espíritu de Dios. Nuestras instituciones eclesiales hoy fallan porque muchas son una contradicción al concepto bíblico de justicia como igualdad hacia todos.

Durante la Segunda Guerra mundial, muchas iglesias cristianas abrazaron al nazismo déspota. Un pequeño grupo de cristianos se oposición al gobierno y muchos murieron en los campos de concentración. Dietrich Bonhoeffer fue uno de ellos. Un hombre de carácter verdaderamente notable. Un brillante estudiante de teología; obtuvo su doctorado a la edad de veintiún años. Se le ofreció un puesto de profesor en el Union Theological Seminary de Nueva York en 1939, pero finalmente se decidió que si quería servir a sus compatriotas alemanes como un ministro cristiano durante la guerra inminente, él tendría que regresar a su tierra natal y sufrir con ellos. Fue ejecutado a la edad de treinta y nueve años en un campo de concentración nazi.

Millones murieron en los campos de concentración mientras muchos “cristianos” hablan de justicia. ¿Qué justicia? La justicia hipócrita de una religión muerta que carece de compasión. Una justicia muerta que apesta porque está muerta y lo que emana es la hipocresía de una iglesia que ha perdido la perspectiva cristiana y ha puesto su vista en el bienestar propio. ¿Justicia? El profeta Amós lo explica, las injusticias de los religiosos así: ricos “que oprimís a los débiles, que maltratáis a los pobres” (4:1), y que “vosotros pisoteáis al débil, y cobráis de él tributo de grano” (5:11), y son “los que pisoteáis al pobre y queréis suprimir a los humildes de la tierra” (8:4), vendiendo gente como esclavos (2:6), falseando las medidas y aumentando los precios (8:5), y se puede ver que los jueces mismos son parte de esta práctica de injusticia (5:7;10:12). ¡Dios tenga misericordia de nosotros!            

      

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