Friday, October 10, 2014

La fe y lo absurdo

El mundo de la fe—un mundo de lo absurdo. Es pues la fe algo temible porque nos pide que hagamos lo que parece irracional, o sea, no vale los racionamientos humanos para justificar lo que nos pide.

El mundo de la fe es una ruptura de lo ordinario, de lo natural y predecible para entrar al mundo de lo extraordinario, de la aventura y el asombro. Es entrar a la dimensión de lo posible porque no está sujeto a las limitaciones de lo finito. 

Esta dimensión de la fe la vemos en el relato bíblico del sacrificio de Isaac por su padre Abraham ordenado por Dios. En esencia, Dios está pidiendo algo que visto desde el punto de vista humano, no tiene base ética. Aquí vemos, como nos dice Kierkegaard, una suspensión teleológica de lo ético.[1]

El relato bíblico nos dice: Y dijo [Dios]: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Gén. 22:2).

Abraham tiene que elegir si cree a Dios o se deja llevar por su sentido ético para tomar una decisión racional. En su decisión tiene que actuar en su libre albedrio—tiene que elegir. Si él se hubiera limitado a su mundo, o sea, a su sentido ético, no hubiera entrado en el mundo de lo divino, el mundo de la creencia donde todo es posible porque hemos entrado al ámbito de lo sobrenatural. Donde no hay límites, ni hay dimensión que confine la fe a lo imposible.

El mismo Dios pregunta, “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Gén. 18:14). El ángel Gabriel le declara a María “… porque nada hay imposible para Dios” (Lc. 1:37). Nada es imposible ya que todo es posible para Dios. Jesús declaró, “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc. 18:27).

En el relato no vemos a Abraham cuestionando a Dios. Dios le da las instrucciones de lo que tiene que hacer “[y] Abraham se levantó muy de mañana…” a llevar acabo lo que Dios le dijo. No se desvió del camino que lo llevaba a lo absurdo, sino que “… se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo” (v. 3).  Esto es obediencia. 
      
No hay nada necesario que nos de la base para creer, porque la fe es algo absurdo donde lo pasado no tiene relevancia, todo puede ser cambiado; todo puede ser transformado a una realidad que ya no consiste de medidas algunas ni de cálculos. Nada es reducido a una figura; sino que consiste de una realidad trascendente donde Dios es el que nos hace ver lo posible. Nada es mecánico ni determinado, todo es una aventura en el “mundo” de la realidad divina. Pablo exhorta a la iglesia de Corinto, “… no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Cor. 4:18).

Este relato bíblico reta todas nuestras presuposiciones humanas. ¿Cómo explicamos lo que le dice Abraham a sus siervos? Él les dice que van a adorar y luego vuelven (v. 5). ¿Volveremos o volveré? ¿Está mintiendo Abraham o se está engañando? Hay que mirar esta paradoja desde el punto de la fe que trasciende explicaciones y evidencia. Abraham estaba pensando que Dios iba a obrar de una manera u otra (Heb. 11:19).  Su fe actuó—tomó acción. El creyó, pero a la misma vez actuó en llevar a cabo las instrucciones que Dios le dio. Abraham creyó a Dios (Stg. 2:23) y pudo decir “volveremos”. 


Roberto Rodríguez Núñez
          
                  





[1] Kierkegaard, Søren; Fear and Trembling. 

Senderos teológicos: El Pensamiento Evangélico Puertorriqueño

Introducción

Es para mí un gran honor emprender esta labor académica como requisito parcial del curso Teoría del método teológico con el Dr. Jorge R. Colón, profesor de teología en la Universidad Interamericana de Puerto Rico.  El trabajo que he acometido en esta monografía es con el propósito de escribir un análisis del libro Senderos Teológicos: El Pensamiento Evangélico Puertorriqueño del Dr. Luis Rivera Pagán.  En esta ilustre obra el Dr. Rivera Pagán perfila cuatro teólogos puertorriqueños sobresalientes, a saber, Domingo Marrero Navarro, Ángel M. Mergal, Samuel Silva Gotay y el mismo autor.  Tomaré como base para este análisis los siguientes puntos:
1.      Estructura del libro
2.      Metodología (s) seguida (s) por el autor
3.      ¿Qué es teología puertorriqueña?
Por medio de esta breve monografía conoceremos un poquito más a fondo lo que es teología puertorriqueña y podremos obtener un vistazo rápido de quienes fueron y son estos augustos maestros, teólogos, y filósofos puertorriqueños con el fin de aprender sobre el análisis de los principios y temas principales de sus enseñanzas por el Dr. Rivera Pagán.  Considero que se ha presentado una ocasión tan oportuna para que la ilustrada atención de los estudiantes puertorriqueños se fijen con esmero en las figuras nobilísimas de los ilustres hombres a la que este monografía se consagra.  Shakespeare dijo de la grandeza: "no tengas miedo de la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran la grandeza y otros tienen la grandeza lanzada sobre ellos..."  A éstos paragones puertorriqueños la grandeza le fue lanzada sobre ellos por la acérrima determinación de sus esfuerzos.
A continuación vamos a dar un rápido análisis de la obra Senderos Teológicos, la cual, según el autor, “constituye un esfuerzo serio, erudito y profundo por bucear y poner en perspectiva la naturaleza del pensar evangélico puertorriqueño.[1]  El poder analizar esta obra tan famosa, y estudiar y disertar sus pensamientos no solo serán de gran beneficio para mí como estudiante, sino también para nuestro pueblo puertorriqueño. 

1.       Estructura del libro

El Dr. Rivera Pagán ha puesto la pluma al papel y ha analizado críticamente los escritos, sermones, y otros materiales para tejer una obra académica repleta de muchos principios teológicos, filosóficos, y sociológicos así poder presentar en detalles las ponencias de los autores a quien él perfila.  El adopta un enfoque bien académico y nos lleva de la mano como un guía a entender lo que él llama “senderos teológicos.” Esta es una obra sumamente académica, informativa, bien documentada, y práctica, en ella Rivera Pagán no dejó piedra sin remover para que la sabiduría teológica y filosófica de estos autores  sea analizada a cabalidad y por medio de su trabajo poder apreciar sus enseñanzas tal y como él las presenta. 
El libro está dividido en cuatro capítulos.  A través de estos breves capítulos Rivera Pagán sondea profundamente los más acuciantes principios teológicos, filosóficas, psicológicos, y sociológicos que plantean estos colosos autores puertorriqueños.  En su prólogo el Dr. Mercado nos dice:
Marrero llama al filósofo a la conversión ética.  Mergal no deja de llamar a hombres y mujeres a la renovación y a la transformación del entendimiento con el fin de saber cuál es la voluntad de Dios agradable y perfecta.  Silva Gotay con su enfoque tercermundista liberacionista, llama a los soberanos a abandonar la injusticia y abrazar la causa del menesteroso, del pobre, del oprimido.  Rivera Pagán llama a la más radical de alas conversiones.  Ante la locura de la carrera armamentista y la posibilidad del Armagedón, con su inevitable destrucción de la humanidad y disloque del globo terráqueo, no hay sino un solo comino: una vuelta atrás y caminar por la senda de justicia y paz, con el rostro vuelta a Dios. 

El libro concluye con un llamado a la metanoia, o sea, a la conversión, y con unas breves viñetas biográficas.  No se engañe, a pesar de que el libro solo contiene 196 páginas, esto no indica que el autor es efímero en su obra.  El desarrolla su obra analizando los escritos de los autores suplementándolos con otros autores que escribieron y son expertos reconocidos en su materia.  El no pierde tiempo en preliminares sino que se lanza en su análisis crítico y profundiza en la filosofía, la teología, y otras áreas pertinentes para desarrollar su obra.  Al final de su introducción él comenta, “En el texto que sigue, hago observaciones críticas, algunas de ellas severas, sobre sus senderos teológicos (énfasis del autor).  Es profundo, sin embargo, el respeto que tengo por sus obras.  Las asumo con humildad como paradigmas dignas de emularse.  Sus autores son auténticos adalides de nuestro pensamiento religioso nacional.  Es lamentable el relativo descuido que han sufrido sus escritos por las instituciones teológicas y eclesiásticas puertorriqueñas.”[2] 

2.  Metodología (s) seguida (s) por el autor.

Considero que el autor sigue la metodología crítica y analítica sin dogmatismo ni hagiógrafos.  El busca presentar a las ideas de los autores que el perfila tal y como ellos las presentaron en sus escritos.  Él dice, “Este libro estudia la producción teológica de dos profesores del Seminario Evangélico –Domingo Marrero y Ángel Mergal –y la de un catedrático de la Universidad de Puerto Rico –Samuel Silva Gotay… El que suscribe es también egresado y anterior profesor de la institución que los evangélicos llaman “escuela de profetas”.[3]  El también, mientras considera las ideas de los que el perfila, hace un análisis de los escritos de otros autores los cuales usa para sustentar su análisis crítico apodíctico.  El utilizó una gran cantidad de textos en su investigación para escribir sobre las ideas de estos teólogos puertorriqueños.  Es de entender que escribir una obra como esta es una aventura arriesgada ya que el tema es tan amplio y las ideas controversiales.  El autor nos ofrece cuatro perfiles tan dinámicos en la teología puertorriqueña que para ofrecernos una polifonía de principios y ponerlos en  el contexto de nuestro mundo actual, es un esfuerzo ciclópeo que merece admiración.  Por medio de su metodología crítica y analítica, el autor ha escrito un libro provocador y sin escamoteo alguno.  Aunque quiero admitir que no comparto algunos de su postulados, y también debo admitir que si he disfrutado el indagar dentro de este libro y las otras obras teológicas que consulté para poder escribir esta monografía.  Su metodología crítica y analítica ha logrado traer un retrato más claro de los teólogos puertorriqueños y sus ideas.  El autor ha escrito una obra de gran perspicacia teológica la cual considero que ha sido y será discutida y estudiada por muchos estudiantes en seminarios teológicos y por profesores interesados en ampliar su conocimiento de los principios enseñados por estos excelentes teólogos puertorriqueños.
   La metodología crítica y analítica brinda una perspectiva que intenta epistemológicamente analizar y criticar desde una perspectiva objetiva las ideas filosóficas y teológicas que presentan en sus escritos nuestros ilustres teólogos.  También  su metodología es corroborada con la historia y la investigación de otros autores prominentes en el campo de la filosofía y teología los cuales el autor usa sabiamente para hacer un análisis crítico apodíctico.  Rivera Pagán indaga minuciosamente entre las “ideas” de estos teólogos y nos brinda un análisis objetivo de los rasgos distintivos que dan un marco apropiado de las ideas expuestas por ellos y así substraer la substancia filosófica y teológica que el encuentra en sus escritos.  El autor dice, “este libro pretende llamar la atención a las distintas maneras que la tradición de reflexión teológica evangélica ha florecido en Puerto Rico.  Lo hacemos mediante cuatro estudios, vinculados por el deseo de rendir homenaje a un linaje distinguido de pensadores religiosos puertorriqueños.”[4]  Debidamente el autor puede decir esto ya que en la investigación para escribir un libro como este, es lanzarse a un océano de estudio en el cual la profundidad  es inexhaustible y se hace la tarea por la cual uno escribe un descubrimiento de amplia riqueza filosófica y teológica.  Doy testimonio de esto al escribir esta simple monografía.  Me pareció una tarea fuerte ya que cada punto me brindaba una tentadora tangente por donde lanzarme, pero tuve que mantener mi objetividad y analizar la obra del autor. 
El autor parte de la premisa que, “El estudio de las obras de Marrero, Mergal y Silva Gotay demuestra fuera de toda duda y contrario a la opinión de muchos, la existencia de excelente creación teológica en Puerto Rico.  Su pensamiento teológico nada tiene que envidiar a ninguna otra en el mundo hispano-parlante.”[5]
              Considero que la metodología que el autor usa es también apropiada hasta el punto que él es bien meticuloso en sus críticas y no las basa en mera especulación somera.  Mirado desde este punto de vista, el autor logró su objetivo, pero aun así  hay mucho más que explorar y mucho más que escribir sobre la teología puertorriqueña.  Él dice, “Sin embargo, la cuestión de la puertorriqueñidad de la teología puertorriqueña amerita renovarse por el devenir incesante de la historia cultural de cualquier comunidad humana y la incertidumbre perenne acerca de los perfiles precisos y diversos de la puertorriqueñidad.”[6]  La contribución a la teología puertorriqueña del autor es encomiable y será de gran acogido en el corpus de obras sobre filosóficas y teológicas con un matiz puertorriqueño.  El “boom” que ha surgido en la sociología, literatura y teología latinoamericana tendrán en una obra como esta material para indagar en los pensamientos más profundos de estos teólogos puertorriqueños.  El autor también se esmeró en buscar fuentes fidedignas en las cuales él podría basar su investigación.  Esto no es siempre fácil ya que hay enormes cantidades de obras que carecen de erudición y profundidad  teológica.  El autor vierte en esta obra toda su erudición y experiencia para producir un trabajo que será de sumo interés y  para provocar un estudio más amplio de la teología puertorriqueña por todos los estudiantes que quieran aprender más sobre este tema que es tan relevante al “boom” teológico en el mundo hispano.

3.  ¿Qué es teología puertorriqueña?

El autor dice, “Toda teología paga tributo a dos factores.  Nace en determinado contexto social e histórico, marcado sobre todo por las condiciones económicas y políticas.”[7] A continuación daré una breve exposición de cómo surgió la teología puertorriqueña y que es.  En el 1898 surge la Guerra Hispano Americana.  Por ende, la invasión Norteamérica en Puerto Rico surgió como resultado del conflicto político entre los Estados Unidos de América y España, dos metrópolis imperiales que dejaran una huella indeleble en el carácter teológico puertorriqueño.  Este contexto social e histórico abre una puerta a la evangelización protestante en la isla.  Antes de este influjo de protestantes en Puerto Rico, la iglesia estaba bajo la influencia católica que había imperado en la isla por cuatrocientos años.  Apolinaris y Mangual-Rodríguez comentan, “Esta nueva evangelización en suelo puertorriqueño ha sido impulsado por la activa participación de las misiones Anglo-Sajonas, que junto con sus homólogos de Puerto Rico han jugado un papel de liderazgo en los asuntos educativos, sociales y pastorales (traducción es mía).”[8]  Ahora la teología toma un rumbo protestante.  Se comienza hacer y flexionar teología en un entorno puertorriqueño.  Surgen muchos senderos teológicos por donde transitar.  Por eso es que el autor enfatiza:
Reitero la tesis de mi libro Senderos Teológicos: no existe una teología de Puerto Rico. Una reflexión seria y profunda sobre la fe cristiana y los enigmas humanos toma en cuenta los estudios críticos sobre las escrituras bíblicas, las tradiciones doctrinales, corrientes teóricas contemporáneas, y los contextos históricos y culturales de nuestro pueblo, que producen una cosecha rica de la diversidad de las teologías.  La pluralidad de pensamiento teológico de Puerto Rico se expresa en ese libro, a través de un análisis conceptual de los cuatro caminos, sin duda, ha crecido en los últimos compases del siglo pasado (traducción es mía).[9]

De hecho, continúa el autor:
La teología puertorriqueña tiene que ver con la reflexión crítica sobre Dios y las cuestiones fundamentales de la existencia humana y el destino humano en la historia desde el punto de vista, directa o indirectamente, de la experiencia de Puerto Rico, llevado a cabo desde una perspectiva cristiana y praxis y realizada principalmente por los que residen en la isla. Teología con una opción para Puerto Rico tiene que ver con la reflexión crítica, desde el punto de vista de la fe cristiana y de la praxis, en Dios, la condición humana, y el destino humano en la experiencia de Puerto Rico y el contexto, llevadas a cabo por los puertorriqueños que residen en el isla, los puertorriqueños de la diáspora, y no puertorriqueños que residen en la isla que hacen una opción para puertorriqueñidad (traducción es mía).[10]

              En este contexto del proceso formativo de nuestra identidad puertorriqueña se forja la teología evangélica puertorriqueña.  Los inmensos recursos espirituales, existenciales e intelectuales de la teología católica y protestante adoban la creatividad teológica de nuestros teólogos y producen una teología caribeña y latinoamericana más sólida, intelectual y justa, mediante la cual podemos identificar como autóctona. 
              He tratado el tema de la teología puertorriqueña fugazmente.  Basado en el pequeño libro del gran autor puertorriqueño Rivera Pagán.  Sé que la teología puertorriqueña es un horizonte mucha más amplio del que he escrito en esta monografía.  Mas solo pretendo retar al lector a indagar más y lanzarse hacia las aguas profundas de nuestra teología y salir de ellas empapado de las frescas aguas diáfanas de nuestra intelectualidad puertorriqueña. 

Conclusión
            El autor está sumamente cualificado para escribir un libro como este ya que él es profesor emérito del Seminario Teológico de Princeton y es autor de varios libros.  En este libro el profesor Rivera Pagán ha ofrecido una gran riqueza de sabiduría y discernimiento sobre el tema de la teología en el contexto puertorriqueño.  Es una obra bien documentada con autores expertos en la materia y con la experiencia que ha adquirido en sus investigaciones.  El autor en dice que en  “este libro pretende llamar la atención a las distintas maneras en que la tradición de reflexión teológica evangélica ha florecido en Puerto Rico.” [11] 
Mediante el uso de una gran cantidad de referencias sobre la filosofía, teología, sermones, y otras fuentes para desarrollar su tema, el libro es un tomo intelectual para teólogos Latinos, especialmente para los lectores ávidos de filosofía y teología en la búsqueda de una fuente tan  llena de profunda erudición académica.   Por lo tanto, es un baluarte contra el material débil y escasamente investigado que se encuentran arrojadas por doquier por muchos charlatanes en la actualidad.   
Esta obra es un gran recurso para pastores, líderes laicos, profesores, estudiantes de filosofía y teología, y líderes en general.  Creo que el autor ha logrado su fin con gran perspicacia de erudición y un gran acumen de la materia.  Con su agudeza de estudio profundo pudo analizar y criticar lo que merecía atención y lo que no ayudaría a desarrollar su obra. 
A partir de su sólida base de investigación, el desarrolla su tema progresivamente siguiendo como bosquejo a los teólogos que perfila y luego desglosa, analiza, y critica a los escritos respectivamente.  Senderos Teológicos: El Pensamiento Evangélico Puertorriqueño hace un detallado análisis y crítica manteniendo su enfoque en la teología puertorriqueña.  Él quiso

“…recalcar el valor de los diversos esfuerzos que en Puerto Rico se han hecho y siguen haciendo por reflexionar profunda y críticamente sobre las dos grandes incógnitas del pensamiento: Dios y el ser humano.  Consideramos aquí distintos caminos, diferentes vías que conducen a la paradójica meta de seres finitos, contingentes y condicionados cuya fe y ramazón pugnan por descifra la naturaleza de los Infinito, Necesario e Incondicionado.”  Rivera Pagán luego señala: "Este libro no intenta agotar el tema, sino introducirlo.  Espero estimular el necesario trabajo de investigación colectiva que sería de base para una ‘historia de la teología en Puerto Rico.’”[12]

            Eso es precisamente lo que ha hecho, demarcar una visión y estimular el pensamiento de otros teólogos puertorriqueños para que se lancen hacer investigación sobre este tema que es de mucha relevancia al estudio de la teología puertorriqueña.  Rivera Pagán ha puesto la pluma al papel y ha escrito un análisis y crítico con sumo cuidado y esmerada cautela.  He disfrutado leer el libro y seguir los profundos conceptos que los autores perfilados postulan y el análisis académico que autor hace.
 Yo sabía que esta monografía me iba a tomar mucho tiempo y trabajo, pero he recibido mucha satisfacción en lograr poner mis pensamientos en este esfuerzo.  Tengo, en general, mucha admiración y alabanza para la obra realizada por el Dr. Rivera Pagán.  Esta obra está bien documentada y es muy interesante leerla, aunque estudiar su contenido conlleva un esfuerzo intelectual.  Rivera Pagán ha  escrito  en un alto nivel de erudición en lugar de carecer de base escolástica.  Se necesitan obras de este calibre en este tiempo cuando los estudiosos tienen hambre de orientación académica en un mundo lleno de confusión y abrumado por la información superficial que es la norma. 
            Por último, Rivera Pagán cierra su libro con unas breves viñetas biográficas.  La brevedad de sus viñetas biográficas deja a uno con ganas de buscar más información de estos excelentes teólogos puertorriqueños.  El horizonte de nuestra teología es vasto y su base se encuentra en un pueblo que ha creado su identidad teológica en esto últimos cinco siglos de enriquecimiento intelectual. 
Todos mis estudios teológicos los he realizado en los Estado Unidos de América.  Todos los teólogos que estudie eran por lo general norteamericanos y alemanes; y otros eran los padres patrísticos, pero muy pocos eran de origen hispano, y específicamente puertorriqueños.  Esto cambio cuando ingrese a la Universidad Interamericana de Puerto Rico.  El mundo teológico se me abrió a una dimensión más profunda y rica.  Hay una gran cantidad de hombres y mujeres latinas que hacen teología en la actualidad.  También el legado de muchos otro (as) nos brindan a beber de la teología que nos llenará de satisfacción sabiendo que se generó de la mente de uno nuestro(a).  Ahora con la introducción del teólogo Dr. Rivera Pagán mi mundo se ha expandido más.   No perdamos la oportunidad de leer este libro y buscar en el un principio para empezar a conocer nuestro teología.  Le garantizo que la lectura de este libro le abrirá puertas de intelectualidad teológica y filosófica.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               Bibliografía                                 
Aponte, Edwin David, and Miguel A. de La Torre, eds. Handbook of Latina/o Theologies. St. Louis, Mo.: Chalice Press, 2006.

Boff, Cl. “Teologia da libertação: o que é isso?”, en: Teologia e missão 37 (1985) 7ss.

Isasi-Díaz, Ada María, Fernando F. Segovia, and editors. Hispanic/Latino Theology: Challenge and Promise. Minneapolis, MN.: Fortress Press, 1996.

Rivera Pagán, Luis. “Revista de Teóloga, Opinión y Cultura En La Red: Perspectiva Teológica Sobre La Crisis En Puerto Rico: Algunos Desafíos.” lupaprotestante.com. http://www.lupaprotestante.com/lp/secciones/teologia/perspectiva-teologica-sobre-la-crisis-en-puerto-rico-algunos-desafios/ (accessed January 13, 2012).

__, Senderos Teológicos: El Pensamiento Evangélico Puertorriqueño. Madrid: La Reforma, 1989.




[1]Luis Rivera Pagán, Senderos Teológico: El Pensamiento Evangélico Puertorriqueño (Rio Piedras: Editorial La  Reformas, 1989, 11.
[2]Ibid., p. 27.
[3]Ibid., pp. 20-21.
[4] Ibid., pp. 23-24.

[5] Ibid., p. 25.
    
[6] Luis Rivera Pagán, “Revista de Teología, Opinión y Cultura En La Red: Perspectiva Teológica Sobre La Crisis En Puerto Rico: Algunos Desafíos,” lupaprotestante.com, http://www.lupaprotestante.com/lp/secciones/teologia/perspectiva-teologica-sobre-la-crisis-en-puerto-rico-algunos-desafios/ (accessed January 13, 2012).

[7] Cl. Boff, “Teologia da libertação: o que é isso?”, en: Teologia e missão 37 (1985) 7ss.

[8] Ada María Isasi-Díaz, Fernando F. Segovia and editors, Hispanic/Latino Theology: Challenge and Promise (Minneapolis, MN.: Fortress Press, 1996), 233.

[9] Edwin David Aponte and Miguel A. de La Torre, eds., Handbook of Latina/o Theologies (St. Louis, Mo.: Chalice Press, 2006), 150.

[10] Hispanic/Latino Theology: Challenge and Promise, p. 234.


[12] Ibid., p. 26.

Thursday, October 9, 2014

Cuatro principios para una vida abundante

Introducción
En el siguiente ensayo me propongo presentar cuatro principios que encontramos en la parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11-32).  Cuatro principios que Jesucristo enseñó los cuales creo que podemos aplicar para vivir una vida mejor.  Los cuatro principios son:
·         Honrar a Dios y a nuestros padres en todo
·         Ayudar al prójimo
·         Buscar la excelencia en todo
·         Crecer espiritualmente y prosperar  - leer 3ra de Juan
La parábola presenta tres personajes que tienen un papel muy importante en la historia, el Padre, el hijo mayor, y el hijo menor.  La historia empieza con el hijo menor.  El parece que no tenía satisfacción en la casa de su Padre.  ¿No sucede así con nuestros hijos?  Aun cuando lo tienen todo en casa, les llega una insatisfacción a sus vidas y quieren independizarse.  Esto fue precisamente lo que le sucedió al hijo menor.  Él le dice al Padre, “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde…”  el Padre no le pregunta por qué quiere los bienes cuando aún no era el tiempo.  El relato bíblico dice, “…y él les repartió los bienes.”    El joven, “no muchos días después, juntándolo todo…se fue a una provincia apartada; y allí desperdicio sus bienes viviendo perdidamente.”
I.            Honrar a Dios y nuestros padres en todo
El hijo menor violó el primer principio; no honró a su padre ni honró a Dios.  El no honró a su padre al pedirle prematuramente la herencia.  Al hacer esto, manifestaba desdén y falta de respeto hacia su padre.  La herencia se daba al morir el padre, no antes.  Al pedirle la herencia, manifestaba su condición de rebelión.  La palabra de Dios no manda a honrar a Dios (Sal. 50:23; 96; 8) y también a nuestros padres (Ex. 20:12; Deut. 5:16; Ef. 6:2); de hecho, este el cuarto mandamiento con promesa.  En el contexto bíblico, la honra conlleva amar; o sea, conlleva amor, pero va más allá.  El amor se expresa mejor cuando respetamos a nuestros padres y así los honramos.  El apóstol Pablo dice, “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien (énfasis mío), y seas de larga vida sobre la tierra" (Efesios 6:1-3).  El hijo menor deshonró a su padre al abandonar su casa por ir en busca de una vida ilusoria que al fin le trajo la ruina.  El salió de su casa en busca de la satisfacción hedonista que aparentemente no tenía en su casa.  
Al fin de su búsqueda encontró que el hogar que había abandonado contenía en abundancia la fuente de su satisfacción.  Cuando el salió de su hogar, él pensó que sabía a donde iba, pero en si no sabía que iba rumbo al fracaso.  Él no sabía que la decisión que tomó de dejar su hogar lo iba a dejar literalmente en la calle y lo convertiría en un mendigo.  Como no honró a su padre, no le fue bien en su búsqueda.  El sabio advierte, “Hay camino que al hombre le parece derecho;  Pero su fin es camino de muerte” (Prov. 14:12).  El joven emprendió una búsqueda fútil y sin rumbo.
El relato bíblico continua diciendo, “…y cuando todo lo hubo malgastado, vino una hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.”  Todos los bienes que el joven poseía fueron despilfarrados y se quedó sin un centavo.  Fue en esta condición cuando “…uno de los ciudadanos de aquella tierra le brinda apacentar cerdos.”  ¡Que ironía! Lo tenía todo en la casa de su padre y aquí está en necesidad.  Él tuvo hambre y quiso “llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.”  Al darse cuenta de su estado miserable, volvió en sí, y dijo, ¡Cuantos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí parezco de hambre!”  Después que sale de la casa de su padre y sufre de hambre entonces se da cuenta que en la casa de su padre hay abundancia de pan.  Fue entonces cuando decide volver a su casa.  “La experiencia enseña eficazmente, pero brutalmente,” comenta Bastiat, “Nos instruye en todos los efectos de un acto haciéndonos sentirlos, y no podemos dejar de aprender con el tiempo, de haber sido quemados nosotros mismos, que el fuego quema.”[1]  El hijo menor no consideró a su padre en la decisión irracional que tomó, sino que se aferra a su decisión pueril y se lanza sin saber lo que le espera. 
El hijo mayor también violó este principio; primeramente, cuando su hermano regresó; él no quiso entrar en la casa.  Se quedó afuera y llamó a uno de los criados para preguntarle qué era lo que sucedía en la casa de su padre.  Cuando el criado le dijo lo que sucedía, él se enojó y no quiso entrar en la casa.  Su padre tuvo que salir y rogarle que entrara.  El hijo mayor aprovecha la oportunidad y recrimina a su padre y le juzga por haber recibido a su hermano en casa.  El esperaba un trato especial ya que como él dice, “He aquí, tantos años te sirvo, y jamás he desobedecido tu mandamiento y nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos.  Pero cuando vino éste tu hijo que ha consumido tus bienes con prostitutas, has matado para él el ternero engordado” (Luc. 15:29).  Este es un ejemplo de una actitud, de por lo menos, un espíritu legalista.  A él no le importaba nada más que lo que a él le correspondía.  Aunque no abandonó su hogar como lo hizo su hermano menor, su estado personal estaba en peor condición.  Aunque se quedó en su hogar, el no supo desarrollar una relación personal con su padre.  Él le habló a su padre en un tono de arrogancia y justicia propia.  Obviamente, él no había conocido el amor ni el corazón del padre.  Él estaba lejos de su casa aunque se había quedado en ella.  Esto parece irónico, pero el no tuvo ni disfruto de la comunión con su padre.  Para poder disfrutar de las bendiciones de Dios, tenemos que estar en comunión diariamente con el Padre.
II.            Ayudar al prójimo
El segundo principio, ayudar al prójimo, fue violado cuando el hijo menor no ayudó a nadie cuando tenía los recursos necesarios para hacerlo.  El relato bíblico dice, “…allí desperdicio sus bienes viviendo perdidamente.”  El derrochó todo sin pensar en su prójimo.  Egoístamente malgastó sus recursos sin la mínima consideración de otros en necesidad.  Por esta razón fue que cuando tuvo necesidad, no hubo quien le ayudara.  El apóstol Pablo advirtió, “…todo lo que sembrare el hombre, esto segará” (Gál. 6:7).
Este principio era enseñado en la cultura judía desde temprana edad.  La ley mosaica hacía provisión para los pobres (Lev. 19:9, 10; 23:22; Deut. 24:19-22).  En el libro de Rut el capítulo 2 vemos este principio en práctica.  El capítulo nos presenta a Booz, como un “hombre rico de la familia de Elimelec.”  El parece haber conocido muy bien este principio.  En el capítulo 2:14-16 dice que él hizo provisión para la joven Moabita.  Jesús presenta este principio en el sermón del monte (véase Mt. 5:44) y Pablo se lo enseñó a la iglesia de Roma (Rom. 12:20).  Este es un principio universal.  Aun Salomón hace referencia de el en Proverbios 25:21.
Indefectiblemente, el hijo mayor también lo violó.  Dice el relato, “pero cuando vino este tu hijo…”  el no reconoció el hecho que hablaba despectivamente de su hermano.  Manifestó resentimiento, falta de amor, orgullo, odio, y falta de respeto; y aunque se quedó en casa, al hablar así manifestó su condición interior.  El hecho que nosotros estemos siempre en la iglesia no nos garantiza que somos más espirituales; no podemos ser hipócritas y despreciar a nuestro hermano tal como lo hizo el hijo mayor en la casa del padre.
  III.            Buscar la excelencia en todo
La biblia nos enseña a buscar cada día la excelencia de Dios.  El tercer principio, buscar la excelencia en todo, fue definitivamente violado por los dos hermanos.  Primero veamos como lo violó el menor.  El problema del hijo menor fue que por causa de la vida desenfrenada que vivió, la ruina le vino pronto.  El apóstol Pablo ensena que “la paga del pecado es muerte… (Rom. 6:2).  Él no se esforzó en vivir una vida de excelencia, sino de derroche y pecado.  Mas que se podía esperar de una vida en rebelión.  Su vida estaba en caos porque estaba viviendo en contra de los principios establecidos por Dios.
Aun su bienestar físico y paz interior desaparecieron por causa de su falta de no buscar lo que iba a traer honra a su padre, sino que vino a tener deshonra cuando la enviaron a apacentar cerdos; un indicio de su estado de vergüenza y degrado.  El apóstol Pablo exhorta a Timoteo, “esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Tim 2:1).  Nosotros los padres exhortamos a nuestros hijos a que hagan lo que agrada a Dios; que mejoren en sus vidas, y que busquen las cosas que traen bendición a sus vidas, pero muchas veces ellos nos desobedecen y caen en la ruina por causa de su rebelión y desobediencia.  No se puede pretender que nuestras vidas den buen fruto cuando en si carecen de la vida espiritual que produce ese buen fruto que perdura.
El hijo mayor también falló en cumplir este principio.  La actitud negativa hacia su padre, como le habló como si estuviera hablándole a cualquiera; luego hacia su hermano, son indicios de que su vida era una de miseria.  Su vida estaba vacía y carecía de satisfacción con lo que tenía.  Por eso le demanda a su padre.  Él no había desarrollado una actitud de excelencia en todo lo que hacía.    
 IV.           Crecer espiritualmente y prosperar  - (leer 3 Jn.)
El cuarto y último principio, crecer espiritualmente y prosperar, fue violado por ambos hijos.  El hijo menor se quedó arruinado y su vida estaba seca.  Este principio esta intrínsecamente vinculado con el principio de la mayordomía.  El rey Salomón da abundantes consejos sobre este principio el libro de Proverbios.  También es enseñado en la mayordomía bíblica.  El no supo manejar los bienes que su padre le había puesto a su disposición.  Se encontraba desprovisto de bienes y hambriento; él estaba raquítico espiritualmente.  La condición de este joven es una de miseria espiritual.  Hay que aprender a manejar los bienes que Dios nos ha dado y no tengamos una mentalidad de mezquinos ni de  derroche.  El hijo mayor también estaba pobre en una casa de abundancia de pan.  Nunca tomó posesión de lo que el padre le había provisto.  Tenía una mentalidad de escasez y mediocridad.  Cuando él protesta, él padre le dice, “todo lo que tengo es tuyo”, pero este muchacho no supo cómo hacer suyo lo que el padre le tenía para él.      



[1] Frédéric Bastiat, The Economics of Freedom: What Your Professors Won’t Tell You (Arlington: Students for Liberty/ and the Atlas Economic Research Foundation; 1 edition (March 7, 2011), Kindle edition.

Wednesday, October 8, 2014

la teología de la renuncia a la vida

La teología que se promueve hoy es del cuidado de uno mismo, en contraposición a la teología de la renuncia a la vida que nos enseña Jesús: “El que quiere venir en pos de mi niéguese a sí mismo” (Lc. 9:23). En el pensamiento paulino la condición para lograr la salvación va a ser precisamente la renuncia. Él dijo, “Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios” (Hch. 20:24).  El problema de la teología centrada en el yo es que se arraiga a esta vida material y se aferra a posponer la realidad de la muerte.

La parábola del rico y Lázaro es una buena base bíblica para ver este tipo de vida que solo tiene cuidado de sí mismo. En esta historia vemos la vida aferrada al cuidado de uno mismo que tenía el hombre rico. La biblia relata, “Había un hombre rico, que se vestía con ropa fina y elegante y que todos los días ofrecía espléndidos banquetes” Este hombre es un buen ejemplo de una persona absorbida en el yo. Vivía para sí mismo sin considerar a los demás. Hay unos puntos en este relato que ilustran bien claro la actitud del hombre rico.

Primeramente era rico. Hay muchas instancias en la biblia donde vemos que las riquezas son en sí un obstáculo para el hombre que pone su confianza en ellas. Uno de ellos fue el joven rico que no estaba dispuesto a vender todo para seguir a Jesús.  Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? (Mr. 8:36). Sigamos con nuestro relato de la parábola del rico. El que se “vestía con ropa fina y elegante” demuestra su actitud de vanidad. Vivía absorbido en su orgullo a tal grado que su punto de referencia básicamente era él. También nos dice este relato que “todos los días ofrecía espléndidos banquetes”.  Este hombre es el clásico egoísta que solo vive para darle rienda suelta a la vida sin ninguna responsabilidad al prójimo. Era un Bon vivant en su estilo de vida.  Pero como vemos, a todos por igual, al rico le llegó el día de su muerta. Es aquí donde vemos el resultado de su vida de placeres.

La teología de la renuncia a la vida es una entrega total a una vida de sacrificio. Se requiere un estoicismo y un espíritu indomable de sacrifico ante los retos que se presentan. Hay que llegar al punto de entregar la vida si es necesario. El apóstol Pablo lo expresa claramente, “y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros” (Fil. 2:17).

Su entrega al cristianismo era una entrega completa, una ofrenda de su vida por una causa que consideraba ser el “… premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Fil. 3:14).  Esta determinación y tozudez eran una nota leitmotiv en la vida del apóstol. Él estuvo dispuesto a derramar su vida por su fe. Él dijo, “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).

Son muchos los que han entregado sus vidas en el altar del sacrificio por una causa.  En la mitología griega comparativa se encuentra el héroe arquetipo quien ofrece su vida voluntariamente como sacrificio supremo. Todos estos héroes comparten, lo que expresa Joseph Campbell como, un llamado singular que demanda una entrega total. No nos dejemos prejudicial por el concepto de mitología.  Es de suma importancia entender que la mitología aquí es la manera en que un pueblo intenta describir lo desconocido empleando símbolos. Todas las culturas del mundo albergan un hilo cohesivo en el cual encontramos una figura sobresaliente que se entrega sin reservas al llamado que lo impele. En nuestra historia contemporánea se encentran José Martí, Hostos, Albizu Campos, Gandhi, Rosa Parks, Martin Luther King, Jr., la madre Teresa de Calcuta y Nelson Mandela. La lista es una gama de figuras que se entregaron y sacrificaron sus vidas por a una causa.

Volviendo al apóstol Pablo, él nos da una descripción gráfica de la vida entregada y sacrificada. Él dice en 2 Corintios 11:23-33:

23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces.
24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno.
25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar;
26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;
27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;
28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.
29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?
30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad.
31 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento.
32 En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme;
33 y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos.” 

Este es el barómetro de una vida de entrega y de sacrificio total.  Todas las figuras mencionadas en este breve artículo pasaron por el horno siete veces más calentado. No escatimaron su vida exenta de entrega y sacrifico, sino que la entregaron a tal grado que su contribución al bienestar de la humanidad continua enriqueciendo la existencia humana. 

Concluimos con el mejor ejemplo de una vida de entrega y sacrificio, Jesucristo.  Pablo lo presenta así:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:5-8).

Roberto Rodríguez Núñez